viernes, 13 de febrero de 2009

Sobre el querer

Los filósofos tienen la costumbre de hablar de la voluntad como si fuera la cosa mejor conocida del mundo. Schopenhauer dio a entender incluso que la voluntad era la única cosa que nos es realmente conocida, entera y perfectamente conocida, sin demasía y sin falta; pero siempre me ha parecido que Schopenhauer, en este como en otros casos, no ha hecho sino lo que suelen hacer los filósofos: ha adoptado y exagerado al máximo un prejuicio popular. La voluntad se me aparece ante todo como algo complejo, algo que no tiene unidad más que en su nombre, y en esta unidad del nombre es precisamente donde reside el prejuicio popular que ha engañado la circunspección siempre muy deficiente de los filósofos. Por una vez, seamos, pues, más circunspectos, seamos menos filósofos, digamos que en toda voluntad hay, ante todo, una pluralidad de sentimientos: el sentimiento del estado del que se quiere salir, el estado del que se quiere salir, el del estado a que se tiende, la sensación de estas dos direcciones mismas, "a partir de aquí", "para ir allá", y, en fin, una sensación muscular accesoria que, aun sin poner en movimiento "brazos y piernas", entra en juego maquinalmente tan pronto como nos disponemos a "querer". Del mismo modo que el sentir, y un sentir múltiple, es evidentemente uno de los ingredientes de la voluntad, contiene también un pensar: en todo acto voluntario hay pensamiento directriz, y hay que guardarse de creer que se puede aislar este pensamiento del "querer" para obtener un precipitado que seguiría siendo voluntad. En tercer lugar, la voluntadno es únicamente un complejo de sensaciones y de pensamientos, sino también, y ante todo, un estado afectivo, la emoción de mandar de que hemos hablado anteriormente. Lo que se llama "el libre arbitrio"es esencialmente el sentimientode superioridad que se experimenta ante un subalterno. "Yo soy libre, él debe obedecer", he aquí lo que hay en el fondo de toda voluntad, con esta tensión del espíritu, esa mirada directa fijada en un solo objeto, ese juicio absoluto "ahora esto es necesario y no otra cosa", la certidumbre íntima de que se será obedecido, y todo lo que constituye también el estado de ánimo de quien manda. Querer es ordenar en sí mismo a algo que obedece o, por lo menos, es pensado como obediente. Pero observamos ahora la esencia más singular de la voluntad, esa cosa tan compleja para la que el vulgo no tiene más que una sola palabra. Supongamos el caso de que seamos a la vez el que manda y el que obedece; tenemos, al obedecer, la impresión de sentirnos obligados, coaccionados, impoulsados a resistir, a movermos, impresiones que siguen inmedietamente al acto de la volición; pero en la medida en que, por otra parte, tenemos la costumbre de prescindir de este dualismo, de engañarnos a su respecto gracias al concepto sintético del "yo", toda una cadena de conclusiones erróneas y, por consiguiente, de falsas apreciaciones de la voluntad misma se ligan también al querer. Aunque quien quiere cree de buena fe que basta querer para actuar. Como en la mayor parte de los casosuno se ha contentado con querer, y como también se ha podido esperar al efecto del mandato, es decir, a la obediencia, al cumplimiento del acto prescrito, la apariencia se traduce por el sentimiento que el acto debía producir necesariamente; en una palabra, el que quiere cree, con cierto grado de certeza, que querer y obrar son una sola cosa en cierto sentido. Atribuye el éxito, la ejecución del querer, al querer mismo, y esta creencia reguerza en él el sentimiento de poder que el éxito lleva consigo. El "libre arbitrio": tal es la denominación de este complejo estado de placer del hombre que quiere, que manda y que, al mismo tiempo, se confunde con el que ejecuta, y goza así en el placer de superar obstáculos, estimando para sí que es su voluntad misma la que triunga sobre las resistencias. En el acto voluntario, se añade de este modo al placer de dar una orden el placer del instrumento que lo ejecuta con éxito; a la voluntad se añaden voluntades "subalternas", almas subalternas y dóciles, pues nuestro cuerpo no es más que el edificio colectivo de muchas almas. L'effet cest moi (el efecto soy yo); aquí sucede lo que sucede en toda colectividad feliz y bien organizada: la clase dirigente se identifica con los éxitos de la colectividad. En todo querer se trata simplemente de mandar y de obedecer dentro de una estructura colectiva compleja, integrada, como he dicho, de muchas "almas". Por eso es por lo que un filósofo debería permitirse considerar el querer desde el ángulo de la moral, concebida la moral como la ciencia de una jerarquía dominante, de donde nace el fenómeno de la "vida".
Fiedrich Nietzsche, Más allá del bien y del mal.

jueves, 12 de febrero de 2009

Presentación del blog

"Nietzsche lloró" es un blog que ha nacido con la intención de divulgar la filosofía de los diversos pensadores de la historia, sea cual sea su dirección de pensamiento. También pretende ser el encuentro de mentes filosóficas para que publiquen sus divagaciones en un espacio especial para ello.

Se publicarán, por lo tanto, fragmentos de filósofos como Aristóteles, Descartes, Kant o Nietzsche (al que se le dedica especialmente el blog).

Los temas a tratar pueden ser de todos tipo, desde metafísica, ética o propedéutica hasta filosofía de lenguaje o de la religión o gnoseología. También se publicarán resumenes de distintos movimientos filosóficos, sus ideas, sus principales representantes y su influencia en el pensamiento filosófico del momento y posterior. Se hablará de los temas recurrentes típicos (Dios, el mundo y el hombre) y de otros como el amor o cualquier asunto tratado, analizado y explicado desde un punto de vista filosófico.

Si quieres hacer una publicación en este blog, manda tu texto a emiguelvi@hotmail.com
con el título de Nietzsche lloró. Se publicará tal y como lo envies, con el título que desees y en el idioma que lo hayas escrito (gallego, catalán, valenciano, euskera, aranés, portugués, francés, inglés, sueco, italiano, alemán...). También se pondrá tu nombre al final del texto si así lo deseas. Se aconseja la traducción de los textos que se envien al español o al gallego.